Un tren desde Venecia a París

agosto 25, 2016 París, Francia

El día anterior había sido una locura, como cada día, solo que éste había sido mucho más especial que los anteriores desde que habíamos aterrizado, una vez más, bajo el cielo Europeo. Habíamos llegado a Venecia con sólo 24hs a nuestro favor. A veces, cuando tenes amigos tan increíbles, simplemente te subís a un avion sin importar el tiempo y los miles de kilómetros que te separan. Haber tomado un avión sólo para brindar esa noche había sido la mejor idea que se nos podría haber pasado por nuestros locos corazones una vez más.
Venecia en primavera huele a flores incluso cuando llueve, y eso hizo que no nos importara en lo más mínimo correr por las diminutas calles de piedra mientras buscábamos las puertas de nuestro restaurante favorito. La Rosa Rossa ya se había convertido en nuestro lugar de encuentro, y a pesar de haber estado allí sólo dos veces, ya teníamos varias copas de vino acumuladas, horas de charlas después de la hora de cierre, varios puñados de risas y más de tres docenas de fotos.
¿Mis recuerdos de esa noche? Nuestro amigo Cristiano, abrazos con sabor a reencuentro, fotos increíbles para el recuerdo, copas de vino, charlas reflexivas hasta la madrugada y risas bajo la lluvia. Una segunda despedida con fecha de caducidad.

El 17 de Mayo por la mañana había llegado demasiado pronto, y los recuerdos eran como relámpagos que dejaban electricidad en la piel y que no se iban a ir por un buen tiempo. Mis ojeras eran monumentales, y nos faltaban horas de sueño, pero nada importa demasiado cuando una espiral de aventuras te arrastra de una forma tal que no queres que pare.
El desayuno en el hotel, junto con mi novio y mi amiga Alexa, había estado lleno de risas recordando la noche anterior y lleno de deseos por querer volver en un futuro. Cosas así necesitas volver a repetirlas, una y otra vez. Pero nada duraba para siempre, así que las horas habían vuelto a correr, y demasiado pronto ya nos encontramos en la estación Santa Lucía para tomarnos un tren nocturno que nos llevaría de vuelta hacia París. Recuerdo esta parte con unas ansias particulares, siempre había querido pasar por una experiencia así.

El tren era rojo y no se veían los camarotes por el lado de afuera, pero sólo bastaba entrar para que todo se viera como Alicia en el país de las maravillas, donde había crecido tanto que todo se había vuelto diminuto. Los camarotes eran pequeños, pero la vista era espectacular. La cafetería tenía un par de mesas y varios menús para elegir, y por las ventanas podías ver cantidad de campo Italiano junto con pueblos que parecían sacados de un cuento por su edificación y arquitectura tan particular.
Por la noche, después de cenar en la cafetería, nos dirigimos a nuestros camarotes para descansar. Realmente lo necesitaba, pero mis ojos se negaban a cooperar. El paisaje de noche, apenas visible por las luces de los pueblos y de las paradas, me tenía hipnotizada. Mi cama era la del medio de tres, y mi vista era espectacular, así que no dudé en sacar mis auriculares del bolso y así, poco a poco, canción tras canción me fui quedando dormida. Fue una de las noches más mágicas que tuve en mi vida.

Nos despertamos cerca de las 5 de la mañana cuando tocaron a nuestro camarote para despertarnos y devolvernos nuestros pasaportes. El desayuno comenzaba desde muy temprano, así que aún somnolientos decidimos levantarnos para que no se ocuparan las mesas de la cafetería y poder ver el amanecer. 
Tengo recuerdos fugaces de lo increíble que fue: la cafetería aún se encontraba desierta y éramos unas de las primeras personas con mi novio, no podría haber sido tan especial y de otra forma. El cielo comenzaba a aclarar poco a poco y nos dio tiempo a que el desayuno se encontrara sobre la mesa para que, en un abrir y cerrar de ojos, una bola de fuego me cegara la mirada. Estábamos en campo abierto, y podíamos ver todo el horizonte de color naranja, dándonos los mejores buenos días y cerrando ese viaje de horas como el más especial.
6:04 de la mañana del 18 de Mayo del 2016 me encontraba viendo el mejor amanecer que había visto en mi vida mientras entrábamos en las afueras de Francia, en un tren desde Venecia hacia París. Todavía cierro los ojos y puedo oler el café humeante con nuestros croissants, junto con mis ojos empapados de luz. Mi novio sentado frente a mí y nuestras sonrisas gigantes como el amanecer que teníamos frente a nosotros, en un tren desde Venecia hacia París.



5 comentarios

  1. Que guay!! Venezia me encanta y París también ;) Y bonitas fotos

    ¡Besos y feliz finde mi ChicAdicta!
    www.piensaenchic.com

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  2. Que hermosa experiencia!! Me encanto el post linda! Besos!!
    http://cocojetaimeblog.blogspot.com.ar/

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  3. que bonito
    me he podido imaginar esa sensación solo leyendo la historia
    un beso
    Ainhoa de Infinity life

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  4. Vaya dos ciudades mas bonitas!!me encantan las dos!!besos

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